Me dices que se aleja nuevamente
la dama que te bulle y que te llora,
aquella que además de confidente,
de besos y caricias es dadora.
No tomes su partida como adioses
son solo unos cuantos hasta-luegos,
acaso son la excusa de las voces
que no arden ni siquiera con mil fuegos.
No creas en silencios de distancia
ni dejes que te abata el sentimiento
allí donde el cariño ha hecho cemento
no hay cierzo que no brinde una fragancia.
Y cómo te dijera Doña Eulalia
no pierdes una amiga diligente,
pues ganas una excusa convincente
a fin de conocer la vieja Italia.
Bellísimo
Beatriz