No son pocas las penas,
aunque esté mi sonrisa
dibujada.
¿Quién puede ver mi dolor
si lo oculto dentro del alma?
Busqué al niño que fui
y le dije:
¡Prepárate, anda!
Quiero que corretees por mis venas;
por los senderos de mi cuerpo
por mi vida que se escapa.
Y luego, cansado de jugar,
vuelve a ser recuerdo dormido
vuelve a descansar
en tu mundo de nostalgia;
porque allá nos veremos:
espérame con ansías.
Y tú...
no te impacientes,
sabes que te quiero;
por eso me apresuro
a cerrar esta carta.
Discúlpame
si hoy no te saludo,
como lo hice en tantas mañanas;
nunca pensé en irme así
pero... amigo mío,
debo alejarme,
el final me reclama...
(A don Fermín... un amigo)