No vengo a darle a nadie mis lamentos,
ni vengo a serle a nadie peso muerto;
en esas cosas en que soy experto,
tan sólo quiero colocar acentos.
No quiero estar en donde no me quieren
ni puedo ser juguete de una tarde
será verdad, tal vez seré un cobarde
o un desalmado, si así lo prefieren.
A pie camino por las calles yertas
buscando signos que no dejen huellas,
hallando esguinces en esquinas bellas,
trocando cantos por voces desiertas.
A pie, nadando entre ríos de llanto
busco las trizas de un silencio roto,
busco las anclas de un destino y floto
desembocando en este mar de amianto.
Por eso es que huyo sin decir palabra
y no volteo a mirar ya nada;
prefiero el frío de isla desolada
a este incendio que a mi alma descalabra.