El cielo nos baldeaba como mugre en el patio.
El manojo de personas contemplaba el espectaculo.
Encantados, embrujados, hechizados...
Atrás, la soledad de la noche.
Como un grifo se cerro la lluvia
La obscuridad reinaba
Una cosquilleante brisa se burlaba de nuestra piel.
Como un fantasma aparecio
Sus curvas se reian de las montañas.
El viento jugeteando con su vestido.
Su pelo de oro acariciando los hombros.
Y su rostro, una paleta de pintor... arte
El mismo mar desparramado en sus ojos.
Y sus labios, pareja que solo se separan para hacerme feliz en un infinito ósculo.