Allende los linderos de mi sino
aguardan esos ojos de guirnalda,
aguarda ese negror bajo la falda
y se cruza otra vez nuestro camino.
Allende los raudales del buen vino
espera el catador su recompensa
no busca más olor que el que dispensa
tu cuerpo delicado y ambarino.
Y llega tu distancia a mi rescoldo,
y bañas con frescor mi arduo camino,
celebro nuevamente mi destino
y el cielo se deshace de su toldo.
Y alcanza mi aventura a tu vibrar
y llueves en mí besos coralinos,
sirena de placeres femeninos
entrégame tus dones y hazte amar…