Resguardada en tus alforjas de caricias merodeas por mis sombras clandestinas; con astucia y con maniobras paulatinas te me envuelves, zigzagueas y te lías destruyendo con amor mis carestías y me asaltan emociones adventicias. Desde tu alma es que te anidas en la mía con el vuelo de turpiales y gaviotas; eres tú la que en silencio te me brotas cual arroyo de caricias e ilusiones y son tuyas todas estas sensaciones que se engarzan a mi cor en cofradía. Es tu magma quién enciende mis volcanes, es tu abrazo quién retoza en mis anhelos, es tu sombra develándome los velos quién se anuncia en el clamor de un nuevo día, y me dona suavemente su poesía trastocándome en amor turbios afanes. Te recuerdo con aroma de jazmines navegándome en piragua florecida, te has anclado a lo profundo de mi vida sin aviso, sin protesta, sin permiso y regando vas; el suelo que hoy te piso, con sonrisas de preciosos serafines. Eres tú quién ha creado sintonía, eres tú quien ha endulzado mis lamentos; vas tejiéndome las sombras de los vientos en las brisas de una diana matutina, vas pintándole una aurora vespertina a mis ansias, a mi amor, a mi osadía.