Aunque los años pueden pasar, el amor podemos reencontrar.
Te acuerdas, mi vida, de la humilde casita al pie de las sierras que fuera nuestro hogar… y de aquellas caminatas por Villa El Diquecito, con el viejo caminito viéndonos pasar. Allí nacieron los primeros sueños algunos se cumplieron, otros… ya no serán; pero qué lindos fueron esos lejanos tiempos esperando a los hijos que habrían de llegar. Yo me hice amigo del río compañero, pasé días enteros escuchando el murmurar y me vi pescador del vientre de sus aguas hurgando sus entrañas, lo mismo que un biguá. Mientras tanto tú reías y mirabas hacia el cielo buscando con anhelo beberte las estrellas. ¡Ay!, esposa mía…muchachita bella, pasaron los tiempos y siento en mis adentros el mismo amor de mis años mozos cuando te miraba a los ojos y sin decirte palabras te contemplaba en silencio, como buscando en tu horizonte el atardecer rojizo de mis sueños. Pero los días se amontonaron, se hicieron pesados de andar por mil sendas, y cayeron encima de nuestras espaldas viejas. ¡Qué lejos quedó esa vida nuestra! ¿La añoras cuando la recuerdas? Que no empañe tu mirada la cortina opaca de la tristeza. Te pido que ya no pienses en el ayer que se fue ni en el sabor amargo que los años dejan… vuelve a sonreír con la misma luna y las mismas estrellas, andemos juntos aunque sea a tientas, ¡Mira!...allá van nuestros hijos. Somos jóvenes en cada gesto suyo, ellos caminan hacia el mañana con nuevos sueños y nuevas espaldas, son capaces de sostener todo el mundo y hasta nuestras propias almas… Vuelve a sonreír entonces, enciende tu mirada; toma mi mano, esposa eterna, te invito a caminar y, sin prisa, nos iremos perdiendo en la distancia. No tengas pena, no derrames lágrimas, ya volveremos en alas de esta carta que nuestros queridos hijos reunidos han de leer en voz alta cuando se anide en su corazón el duende mágico de la nostalgia…
"que sean los recuerdos mis testigos del amor que te he tenido y te sigo teniendo" un pensamiento este, bellamente expresado, mis aplausos a su pluma, poeta