Maldita flor maligna, que con tus espinas has rasgado mi alma
Por mis heridas, caen gotas de sangre que bañan tu ego;
Bañándote con mi dolor te complaces… feliz te encuentras.
Yo rodeado de mi desolación, desangrado y sin ánimos para seguir luchándote,
Me consumo en la llama de un fuego incesable,
Alimentado por el soplo que cada día le das.