Has sobrevivido a la lluvia
de rosas rojas
que un dia te ofreci
y que nunca nunca llego.
Y ahora que te veo
con la gracia de
tu vestido azul
aquel de aquella fiesta,
mis palabras
no abren su boca
estrellada
en esta noche;
y en medio de tan grande
silencio
te he fijado para siempre
en mi memoria
de nino triste y serio.
Hoy estamos
sin embargo
en un lugar que no existe,
esperando
con nuestras almas
encogidas
la belleza de ese futuro
que vive
palpitante
en alguna promesa,
lejos de toda realidad.
Hoy que todas las calles
parecen deslumbradas
por las luces ya pasadas,
tu risa y tus palabras
se entrelazan
con el sin fin de este
amor que inunda
el mundo
y todo lo que existe.