Herida por un amor, teme a una nueva relación y piensa morir.
He bebido de nuevo la miel de su boca Me he pegado a sus labios, como musgo en la roca. Y entre besos y abrazos he buscado cariño, Con pasión de mujer y esperanza de niño. Me he dejado llevar por un rayo de luz, Me robé una sonrisa y la pinté de azul. Y de pronto escuché una voz que me dice, Ten cuidado mujer hoy quedarás más triste, Ten cuidado muchacha que es más grande el dolor, Que las gotas de alegría que te dará este amor Una estúpida lágrima, se escapó sin quererlo, Y el dolor de perderla me hizo niña de nuevo. Mitigó mi cansancio, humedeció mi mejilla, Y olvidando mis años me sentí una chiquilla. Y la voz repetía esa cruel advertencia, Despierta del sueño y vuelve a la conciencia. Huye en el tiempo, escápate y no vuelvas, Escápate de prisa, ve y no dejes huella, No sueñes con hijos, no le pongas freno Al camino frágil que conduce al cielo. Ve y no dejes huella, avanza en el sendero, Duérmete en la noche y ya no habrá más miedo, Ya no habrá más llanto, no habrá más dolor. Y en el silencio oscuro se morirá tu amor. Tu cuerpo dormido, la mirada perdida, Y un hombre recordando lo que fue tu vida. Un puñado de sueños, una lucha sin tregua. Ve, huye en la noche, ve y no dejes huella. Nunca logrará un hombre, hacerte florecer madre, Tu vientre estará en la tierra, sin agua, luz ni aire. Nunca logrará nadie revivir tu cuerpo inerte Y nunca sabrá nadie, por qué buscaste la muerte. Y como si temiera a la pena y al fracaso, He castigado mi cuerpo, huyendo de tu abrazo. Hoy lucho incesante por mantenerme serena, Por no seguir esa voz y arrancarme de la pena.