El viento de la tarde de ayer,
consumió la ironía de nuestras vidas,
otorgando en un bello atardecer,
el pecado y mil cosas ya sabidas.
El deseo me llevo con el desdén,
Ese suéter pegado a tu silueta,
el arbusto y las sombras que no ven,
y el jardín, colchón de las piruetas.
Fuiste mía, como sabia que debía ser,
fui tuyo, como también tu lo sabias,
es la antítesis del amor, solo placer,
tan solo te dí, lo que sabia que me pedías
El cóncavo, perfecto en el convexo,
allanando el jardín de la lujuria,
tu aliento acallado con mi beso,
y la tarde, en silencio imperaría.
Recorrí tu intimidad, hasta el saciago,
el climax llego con tu sonrisa
un abrazo me obsequiaste con halago,
y tu falda compusiste a toda prisa.
Mi pantalón sello la cremallera,
el viril orgullo volvió a casa,
promesa de otra tarde placentera,
tan placentera como tu ropa escasa.
La tarde de ayer, fue fulminante,
volveré al jardín, alguna vez,
recordare que me volví tu amante,
¿ Recordaras, si me vieras otra vez?