¿De dónde vino esa chica triste,
Que con la amargura hizo fuertes lazos?
Sé perfectamente que jamás la quise,
Sin embargo estuvo presa entre mis brazos.
Una madrugada me metí en su lecho,
Y con furia loca le di mi pasión,
Sin saber por qué la cubrí de besos,
Y entre mi delirio la llamé mi amor.
Me miraba a veces con una sonrisa,
Buscando en mis ojos algo, no sé qué
Llevaba mi paso, entonces, tanta prisa,
Que sin despedirme un día marché.
Me habrá perdonado este adiós silente,
O se habrá quedado rumiando amarguras,
Buscando mi cuerpo en su lecho inerte,
O verá el pasado quizá con ternura.
Hoy sólo recuerdo esos ojos claros,
La mirada ausente presintiendo el fin,
Frágil y pequeña, con acento raro,
Débil y excitada, envuelta en satín.