Te lastima la tierra, Tu agonía se ha ido.
Ya se fue tu agonía, se alejó de este mundo,
se alejó con tu alma de poeta maldito,
te siguió a bacanales donde nunca estuviste.
Rechazado en el cielo por tu inhóspita prosa
hoy ya crujen tus dientes, esto es la eternidad.
Han quedado tus flores adornando la tierra.
Han quedado olvidadas ensuciando la tierra,
ensuciando mi mente en las horas más negras,
sugiriendo un tormento de profunda ansiedad.
Te recuerdan a veces en las sombras de nadie,
las más viles rameras, los más torpes verdugos.
Se desnudan en tu obra ostentando placeres
de mendigos de almas de caminos perdidos,
sus heréticos cantos ni se oyen en la niebla.
Si los vieran tus flores, ay de ellos Poeta,
cortarían de día sus cabezas de noche.
a los buitres del siglo matarían sin más,
esas aves metálicas, ese vuelo de vuelta.
Esa música de ellos, esos cuerpos perversos.
Lacerando sus carnes no profanan a nadie.
Mudo es el canto de su desengaño,
sus palabras no se oyen, sus heridas no hieden,
son curadas de a una en orgiásticas noches.
Esto es acaso el spleen del que tanto me hablaste,
Es la vieille orange de aquel débauché pauvre.
Si tu infierno apagara su fulgor un instante
y escribieras, ya póstumo, una última vez,
si tu grito se oyera del abismo a la tierra,
ni siquiera querrías aliviarme la carga de tener que escribir,
a tu madre, a tu funeral, a tu larga agonía.
a tu Wagner sublime, a tu obra maldita,
y a esa sífilis terca asesina de versos.
Melodía de miedo, de sepulcros abiertos,
de patéticos días acérrimos
alumbrados sin sombras que te hagan volver.