La televisión me hipnotiza sigilosa,
con sus gratos, venenosos comerciales
y es que el tiempo se vacía de contenido
y se llena de segundos irreales
y de escuálidos momentos consumidos
sin ninguna utilidad para el usuario.
Utilidad la hay, ¡si!, para empresas
Multinacionales,
que han logrado digna experticia
en la nueva esclavitud subliminal.
La tele es una caja de Pandora
que vomita sus toxinas sin piedad,
y tragamos tanta envidia con los ojos
que perdemos, sin dolor, la libertad,
bajo el yugo de la indócil vanidad.