Las palomas mensajeras,
horneadas saben mejor,
me las como con honor
y sin algún pudor
a ver si digiero los mensajes
de paz y amor
de hippies fantasmales
inexistentes
florecidos detrás de espejos
angostos e inhabitables.
Los símbolos
no cumplen su función,
más puede la presión
de un estomago vacío
que cualquier ideal frío,
más pesa el llanto de un hijo
que cualquier símbolo fijo
de propaganda locuaz,
más puede el deseo de solaz
que la guerra por la paz,
más puede la voluntad
por la absurda igualdad
que el brutal egoísmo,
más puede el dolor de un sismo;
y el viento huracanado
y el insensible tornado
y el degenerado
monzón
y el furioso ciclón;
más puede la lava encendida
que el deseo de buena vida,
más puede un tsunami odioso
que el grito glorioso
de las armas,
y todavía alguien pregunta
por qué Dios permite
tanta calamidad,
en honor a la verdad:
para sembrar solidaridad